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Veganismo y el error de “la moral”

En la inmensa mayoría de ocasiones cuando un vegan dice serlo, aboga serlo por “moral”. A mi parecer, esto constituye un error. Creer en la moral implica creer en su origen y en su universalidad, y esto no comporta, en ningún caso, un beneficio directo para todos los animales.

Me explico.
¿Qué es la moral? Para acogerme a algo concreto y no recurrir a una definición personal que podría atacarse como extremadamente subjetiva, citaré la definición de la RAE, que si no siendo objetiva (¿qué hay objetivo?) lo será menos que la definición que yo pueda dar al haber estado elaborada por un conjunto de personas. De las definiciones, la que más concierne, a mi parecer, al veganismo es: Moral; f. Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia.(1)

Respecto a la definición: ¿qué es el bien? ¿qué es una acción bondadosa? Para muchos de nosotros, influidos innegablemente por la cultura de moral cristiana en la que hemos vivido, será todo aquello que no le procure perjuicios a los demás. Pero esta breve y escasa explicación de bondad (por no extenderme más de lo necesario para explicarme) no tiene que ser igual para todos. No creo que un integrista islámico al decidir inmolarse considere que está obrando el mal, sino la justicia. También dudo que cuando una abuela africana decide extirpar el clítoris a sus nietas considere que está obrando mal. Por tanto, y a donde quiero llegar ahora, es que el bien y el mal son definiciones vagas y nunca universales. Moral implica bien y mal (como la propia definición de la RAE indica). Por tanto, para alguien puede ser moral comer animales. Puede que su concepción del bien se centre exclusivamente en el ser humano, y que conciba la moral como algo que ejercer de humano a humano. Y no podemos reporchárselo, ya qué ¿porqué nuestra moral debe ser mejor que la suya? ¿Qué nos dice realmente que una moral es mejor que la otra? Sí, el no ser vegano implica la muerte y el sufrimiento de otros animales, pero, ¿dónde está inscrito que la moral deba recaer también en animales no humanos? ¿Quién lo dicta? ¿Hay un orden superior? Esto nos lleva irrevocablemente a la idea, o a un concepto similar, a Dios. Si no hay un Dios (y no tiene porqué ser en el sentido estrictamente cristiano de la palabra) que dicte las normas, ¿quién dice que es bueno o es malo? Obviamente, si no hay Dios o algo que se le asemeje, el bien, el mal y la moral sólo las dictan los seres humanos. Son construcciones humanas, no son cosas (ni seres) que existan en sí mismas y por sí mismas. Y recurrir a una invención, a una construcción, a algo que no es en sí y que comporta tal heterogeneidad de significados (ninguno más válido que el otro) y, por tanto, de tratos, es, cuanto menos, un error.

En el caso de ser vegan y creer en Dios, el uso del término “moral” como justificación no es menos erróneo. La doctrina cristiana (y cualquier religión ya sea o no de libro) expone una serie de dictados y normas para la convivencia, ya sea con el objetivo de obtener ciertos resultados en este o en cualquier otro mundo o dimensión. Estas normas morales nunca, o muy raras veces, dictan quehaceres concretos. Por poner un ejemplo, ante la frase bíblica “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente” caben diversas formas de actuar: puedo entender la frase de tal forma que decida romperme la espalda, ya haga frío o calor, como obrero, gastando mi tiempo y mi cuerpo (y mi sudor) para alcanzar esa sentencia. Pero también puedo decidir llegar a ser jefe de una empresa y sudar (pese a mi aire acondicionado) pensando en cómo mantener a flote el negocio. ¿Qué interpretación es más válida? Ninguna. De la misma forma que tampoco es más válido el interpretar los escritos bíblicos o los dictados de cualquier religión de forma vegana o no. Las sabidurías de las religiones están ahí. Cómo las interpretamos o cómo decidamos actuar en base a ellas sólo depende de quien las lee o acata. Aunque Dios exista, este no va a bajar a decirnos “muy bien por ser vegano”, sino que concierne a nuestra propia interpretación de los significados varios que se pueden desprender de la lectura de una misma frase, el considerar que ser vegano es más o menos cristiano, más o menos musulmán, etc…

Ya que no existe ni el bien ni el mal y la moral (hija de los dos conceptos precedentes) es una construcción humana no inscrita en ninguna ley natural precedente al ser humano (es el humano, no como conjunto, sino en su individualidad el que la elabora) – o si precede al ser humano es él el que la interpreta -, el ser vegan no debe ser referido a algo tan poco “real” y tan poco exacto.

En su lugar, refirámonos a respeto. RAE: Respeto; m. Miramiento, consideración, deferencia. Pese a las controversias que también puede acarrear utilizar esta palabra, es algo mucho más concreto y que supone una serie de actos y un determinado tipo de relaciones más concretas que el referirse a la moral. Siempre podemos encontrarnos a quien come animales y dice respetarlos, pero sacarle de esta idea será mucho más simple y acertado que hacerle creer a alguien que su moral es peor que la nuestra (por todo lo anteriormente dicho amén de creernos en superioridad moral): ¿Cómo puedes respetar a alguien a quien le causas sufrimiento y muerte? ¿Respetas a tus familiares? ¿Te los comerías? ¿Y porque sí te comes a otros animales? Si consideras que los animales están para comer, ¿realmente los respetas? El respeto a la vida de los demás animales conlleva algo inequívoco: no querer que se la quiten.

(1) Recojo la definición del término “moral” como sujeto, no como adjetivo. Creo que lo que significa comportarse de manera moral queda también arropado en mi escrito.

Alimentación a lo largo de la evolución

No son pocas las teorías que defienden una ingestión temprana por parte de del género homo de otros animales. Lo cierto es que esto aún está por demostrar y que hay otras teorías y rasgos físicos en nosotros, los homo sapiens, los que hacen dudar de esta teoría.

Si bien es cierto que las teorías evolutivas que se remontan más atrás de los 7,5 millones de años, cuando aparecieron los primeros homínidos (Sahelanthropus Tchadensis, Toumai), no son nada descabelladas y bastante posibles dados los datos y pruebas, el hecho de que los homos consumieran carne en sus inicios no está tan claro.

Haré un esbozo de la predación en la explosión cámbrica de vida (hace 500 millones de años) y más tarde en los homo.

Predación y evolución en el Cámbrico

El cámbrico es la época en la que hubo una mayor explosión de vida debida, supuestamente, a un cambio de 90º de los polos terrestres (lo que originó nuevos nichos donde se podían encontrar los requisitos para que surgiese vida). En esa época se crearon en el agua filos que son los antepasados de los seres vivos actuales y de otros ya extinguidos (se sabe en gran parte gracias a los yacimientos de Burgess Shale, en Canadá). Así, en aguas cámbricas nadaban los primeros artrópodos, antepasados de los insectos, arañas y cangrejos; los primeros moluscos, antepasados de los caracoles, almejas y calamares; los anélidos, antepasados de las lombrices; y nuestros propios antecesores: los cordados.(*)

Todos estos filos y las especies de estos, vivieron una árdua lucha por la supervivencia, por la búsqueda de recursos para sobrevivir. Se postula que esto propició el desarrollo de la visión y el olfato por dos motivos: el poder escapar de los peligros y la capacidad de predación. Así, las características de los supervivientes y las micro y macromutaciones que se fueron sucediendo, dieron lugar a centenares de especies, de las cuales algunas siguen vivas hoy día por este mismo mecanismo.

Puede que haya teorías alternativas al desarrollo del olfato y la vista, pero las desconozco. De todas formas la “teoría predatoria” del desarrollo de estos sentidos no es algo improbable. Si queréis saber más recomiendo encarecidamente la lectura de “El cerebro en evolución”* de John Morgan Allman. Muchas partes del libro son especistas, pero ello no quita su importante valor como documento científico. Esto no quiere decir que piense que no sea posible un libro de divulgación científica sin especismo, aunque ciertamente hoy día muchísimos libros, la mayoría me atrevería a decir, que se aproximan a ciencias biológicas, adolecen de esta característica.

Otra recomendación: visita a la web Becoming Human.

Predación y evolución de los homínidos

Los primeros homínidos, como ya he comentado, aparecieron hace 7,5 millones de años en el desierto Djourab, en África central. Éstos son de la especie Sahelanthropus Tchadensis y se sabe poco de ellos. Sin embargo, el que se considera evolutivamente posterior con 4 millones de años de diferencia, el Australopithecus Afarensis (fósil conocido como Lucy), se sabe que se alimentaba de cereales, frutos secos duros y semillas.

Popularmente se suele atribuir a nuestros ancestros más antiguos la caza como una característica que poseían que no tiene lugar a dudas. Pero aquí hay sesgos importantes:

1- Esta atribución se suele hacer por el visionado de las famosas pinturas de Altamira.

Pero estas pinturas no fueron elaboradas por antecesores como el homo erectus o el homo heidelbergensis, sino que fueron elaboradas por el mismo homo sapiens, el menos alejado de nuestros ancestros, puesto que homo sapiens somos nosotros.

2- Y más importante. No nos explican, a parte de las pinturas y las herramientas encontradas, motivos para pensar que “desde siempre” el género homo caza. Además, tampoco se molestan en explicarnos teorías que defiendan lo contrario, que las hay.

Así que hay motivos que nos pueden llevar a pensar que el hecho de que el homo cace desde siempre no es tan lógica como la exponen:

a) El homo posee poca velocidad y fuerza física a comparación de las presas que cazaban.

El pensamiento subsiguiente a la exposición de este argumento es: “pero cazaban en grupo y con herramientas”. ¿Y quién nos dice que esta es una conducta “natural” y no una imitación de los animales predadores? Hay muchos animales que imitan a otros, sin ir más lejos algunos de los simios que cohabitan con la especie humana en África, imitan al humano hasta el punto de lavar la ropa con jabón a la orilla del mar. Y nadie les enseña, lo imitan por voluntad propia.

b) La dentadura de los homo es más parecida a la de los herbívoros que a la de los carnívoros.

La dentición es de suma importancia para la obtención de energía de otras fuentes de vida, y el hecho de no poseer una dentadura con capacidad de desgarre nos hace dudar que “naturalmente” los homo se alimenten de carne. Esto lo podemos sumar a lo siguiente:

c) La carne es de dificil digestión por el tracto intestinal humano.

De hecho para problemas digestivos están siempre recomendados los productos del reino vegetal. Para hacer una mejor digestión nadie con un mínimo conocimiento te recomendará un entrecot ni una lubina al horno.

d) El apéndice (ese misterio) no tiene función en el ser humano. Sin embargo en animales herbívoros sí tiene función: el digerir celulosa.

El hecho de que en humanos se encuentre este vestigio señala en la dirección de un pasado herbívoro del ser humano. Hoy día no tiene función porque la ingestión de celulosa es nula, amén de no ser recomendada precisamente por no poder descomponerla bien en nuestro tracto digestivo.

Estas son unas pocas argumentaciones que he ido encontrando y elaborando con el tiempo. No dudo que existan más, y puede que más poderosas, de un intento de demostrar que el comer carne en homos no es “algo que se haya hecho siempre”. De todas formas, es inválido utilizar esto como argumento en pro del consumo de carne, como argumentaré en la siguiente entrada: Argumentos refutables (IV).

Libertad

Cuando hablamos de libertad para los animales no humanos a veces se crea cierta confusión. Y surgen cuestiones como ¿y este perro no sería más feliz en la calle? ¡Al fin y al cabo así sería completamente libre!

Igualmente también se plantea la libertad para los animales no humanos al ver documentales de granjas santuario como Peaceable Kingdom: ¿Y esos animales son libres? ¡Pero si viven en granjas!

El error de estas cuestiones es el concepto que se tiene de libertad. ¿Qué es para nosotros ser libres?

Nosotros nos consideramos seres libres. Pero el concepto de libertad no existe de forma absoluta. Siempre dependemos de algo/alguien, con lo que la libertad total es más un concepto abstracto que una realidad alcanzable.

Teniendo en cuenta que solemos asumir el concepto de libertad a cómo vivimos nosotros, hay que analizar qué es para nosotros, realmente, el ser libres:

Vivimos en una sociedad bienestarista (para los humanos) que nos abastece de todo lo necesario para vivir: alimentos, hogares, ocio… Es decir: se nos ofrece, en buena medida, lo necesario para bienvivir. Pero todo esto está directamente involucrado con lo que el sistema social y cultural nos ofrece. Y nos consideramos libres. ¿Porque no considerar libres todos aquellos animales que son abastecidos de todo lo necesario para bienvivir y ser respetados y no explotados durante toda su vida? Al fin y al cabo es el concepto de libertad que nos aplicamos a nosotros mismos. Un cerdo no puede tomar la decisión de si quiere ir al cine o a una discoteca, y no por eso es menos libre, puesto que es algo que no necesita. Pero sí que puede decidir si quiere comer o bañarse en el barro en una granja-santuario. Es decir, elige qué hacer con cosas necesarias para que viva bien. Es libre.

Siguiendo el ejemplo del principio, dejar a un perro en la calle es análogo a que dejen a algún humano enmedio del desierto. Puede que encuentre algo para subsistir en algún cactus u oasis puntual, pero su destino es morir de inanición/deshidratación/cansancio… Igual que un perro en la calle.